lunes, 27 de noviembre de 2006

Perpetuar la opresión

Permitiendo que la consecución de determinados objetivos esté por encima del respeto a la dignidad personal y que las personas sean meros instrumentos o herramientas, totalmente prescindibles, al servicio de una abstracción más o menos trascendente, es la manera más directa de perpetuar la opresión y de deshumanizar el mundo de trabajo, de hacer daño no solo a los individuos, sino al conjunto de la sociedad.

Es una forma de favorecer el antiguo esquema del "más fuerte". Solo que en este caso es falso, porque los supuestos fuertes no lo son sino en función de su coyuntural posición de poder. No es necesario enfocar el trabajo como una guerra en la que gana el poderoso y los débiles caen aplastados. Esto es de gorilas, o de ciervos, o de leones. De bestias, en definitiva, aunque a veces las tales bestias muestran más humanidad que algunos seres humanos. Lo realmente interesante es sacar adelante los proyectos entre todos, basándose en el respeto mutuo y en el bienestar general del grupo.

Si, por conseguir medrar, subir, trepar en un determinado escalafón, los que tienen en ese momento poder sobre el resto, los instrumentalizan, cosifican y utilizan para sus propios intereses camuflándolos de "Proyecto Colectivo", o intentan neutralizar a los que no siguen su juego, sólo se conseguirá que ese supuesto objetivo se desvirtúe, que la gente sufra y vaya al trabajo día a día a soportar presiones intolerables e innecesarias ajenas a la función que deben desempeñar.

El hecho de machacar al (en teoría) inferior no muestra más que miedo e inseguridad por parte del que lo ejerce. Entramos en el terreno del acoso moral. Incluso, si se mira no desde el punto de vista ético sino puramente racional, es mejor un entorno agradable donde todos se sienten identificados por el proyecto y lo sienten como suyo. Esto los americanos lo saben y lo practican desde hace tiempo.

No podemos seguir bajo el yugo de personajillos con intereses y ambiciones personales muy claras, dispuestos a arrasar con todo lo que ellos consideren potencialmente peligroso para salirse con la suya. Esto pasa en la política, unos se eliminan a otros hasta que el más fuerte queda. Pero no queda el más fuerte, sino el más malvado, el más astuto en el peor sentido de la palabra que ya arrastra una connotación negativa. Queda el que resiste, bonita filosofía de cabestro. Por otra parte, el acoso moral no es algo perfectamente nítido y marcado, sino que se desarrolla en el espacio y en el tiempo, de forma casi siempre subrepticia.

Así, según la Resolución del Parlamento Europeo sobre el acoso moral en el lugar de trabajo, en su apartado "E", dice:

[...] Considerando que pueden mencionarse como causas del acoso moral, entre otras, las deficiencias en la organización del trabajo, la información interna y la gestión, así como los problemas de organización prolongados e irresueltos, que son un lastre para los grupos de trabajo y pueden desembocar en una búsqueda de chivos expiatorios y en el acoso moral; considerando que las consecuencias tanto para el individuo como para el grupo de trabajo pueden ser considerables, al igual que los costes para los individuos, la empresa y la sociedad en general[...]

... continuará