miércoles, 22 de noviembre de 2006

15 años contemplando la miseria

Acabo de hablar con un amigo. Me cuenta que en breve tendrá lugar una exposición que conmemora los 20 años de nuestra Facultad. Por lo visto ha habido hostias por meterse en esa exposición, por aparecer en el catálogo. Hemos comentado que claro, que es el poder, que donde hay poder hay lucha por figurar (lamentable concepto) da igual moda, arte, política o literatura.

Esta conversación hace que recuerde algunas cosas. El recuerdo más nítido, el más directo e intenso es el de gente insultando a gente, machacando a gente, los unos soltando veneno sobre los otros, matando en sentido figurado. Una sombra negra, un gran desperdicio de energías. Es la naturaleza humana o, al menos, eso parece aunque me consta que en la naturaleza humana hay otras cosas.

Pocas veces he visto tanto odio como allí, tanta envidia, tanta mala sangre. Algunos de los que considero relevantes,no estarán en esa exposición ni aparecerán en el catálogo. Se puede decir que estoy equivocado y quizá sea así, pero creo ser consciente de que los no incluidos, producen o han producido obra relevante y de calidad, sea la que sea. Sé que no están porque quienes tienen aquella sartén por el mango no los han tenido en cuenta adrede ¿Hasta cuándo esta miseria?

Allí, aquí y por todas partes hay necios que, ante estas preguntas te miran con aire de superioridad, con desprecio, como si uno fuera idiota y no se hubiera dado cuenta de cómo funcionan las cosas, de cómo es el mundo. Claro que se sabe cómo es de mierda el mundo y la ley de la puta selva, lo que sucede es que muchos no queremos que sea así.

Acoso y derribo, fascismo en estado puro. Vi acorralar a gente débil hasta el llanto, falsear procesos de selección para contratar no a los mejores sino a amigos, regalar licenciaturas y doctorados, subir y bajar calificaciones para conseguir o evitar que unos u otros consiguieran las golosas becas. Vi muchas cosas que luego he visto reproducirse en otros ámbitos, casi en todos. Allí confirmé que la sociedad está enferma y que sigue imperando la ley del más fuerte o mejor, la del más malvado. No es nada nuevo pero se suponía que lo íbamos a solucionar. Me temo que, de momento, no.

Al final no importa el pedazo en disputa. Años después no lo veo más claro (que ya lo veía) sino más ordenado y les percibo como personajes desesperados disputándose los pedazos de carroña que les arrojaba una Universidad de provincias a la que despreciaban y en la que no creían, una universidad que les necesitaba para mostrar un balance político… “Tenemos una Facultad llena de artistas de renombre".

El problema, lo que les pasa a los políticos es que no se paran en sutilezas y claro, se equivocan porque lo del "renombre" es siempre relativo. Ellos presentan sus balances, cifras y titulares y ,lo demás, está de más. Y estuvo, y así parieron un ente lleno de personajillos dispuestos a aplastar a quien sea por conseguir una mierda de plaza de profesor asociado a tiempo parcial que les reportaría lo que ahora serían, que todo hay que decirlo, 300 ó 400 € al mes, o por salir en todos los catálogos sólo para rellenar unos patéticos currículos que luego les iban a servir para no se sabe muy bien qué. A esos currículos, por cierto, sólo les faltaban los alimentos preferidos del fulano en cuestión o si andaba flojo de vientre. Es tremendo, les recuerdo enfermos de desesperación e ira y permanentemente insatisfechos. Y mientras, la actividad artística ¿dónde coño estaba?.

Por lo que a mí respecta y para ser sincero pasé por aquella facultad con más pena que gloria, formé parte activa de ella y me hice notar, vaya si lo hice, solo que no en lo artístico, que fui bastante mediocre, sino como personaje, mostrando una actitud kamikaze, desordenada y, muy a mi pesar, agresiva. No es que fuera inocente, pero aquello no me cuadraba y aun hoy sigue sin cuadrarme. Recuerdo que comencé a presentar batalla porque no quería que me tomaran el pelo, al menos gente a la que no respetaba.

Produje mucho rechazo y supongo que, si alguien me recuerda, que lo dudo, lo seguiré produciendo. Particularmente creo que no pinto nada en eso de los 20 años, allí tienen que estar ellos, los que han logrado digerir esa miseria. También habrá gente buena, a la que llegué a apreciar. Los menos.

En cualquier caso fue una buena escuela para la vida, un buen entrenamiento para afrontar lo peor, para aprender la decepción […]